-¿Y qué me dice, Rulán, de las aristas? De todas esas calles desbordadas, de la doblez como cálida o como de infancia entre dos avenidas, de la florista siempre de acera en acera y un tango cuando las farolas se curvan modosas a la derecha, abrazando un rubor. ¿Qué me dice, Rulán, de los mapas de la ciudad de cada ayuntamiento? Usted está aquí y en vertical las coordenadas. A ver cómo se salta ahí dentro, todas las rutas con flechas estridentes sobre un mapa crema, café tranquilo. Y la publicidad, la chica de detrás en cueros casi y a ver quién es el valiente que no roza un poco su pantorrilla, saltando al mapa, usted me entiende. ¿Qué me dice, Rulán?
-Digo que el hombro. Rozar el hombro que tiene la curvatura exacta de las calles que lo son de verdad.
Hatalía Traveler entrevista a Artemio Rulán en alguna esquina de Buenos Aires. Las palabras las recoge un joven aprendiz de poeta en la mesa de al lado. No sabe de quién provienen, no sabe sus nombres. Pero el las apunta en su libretita maltrecha de tapas oscuras y una muesca minúscula en la esquina superior derecha de la contraportada.

Alba González Sanz

“El tipo resultaba sorprendente, o un guarachero sublime o el come trolitos de la capital, pero siempre, y además le entusiasmaba explicarlo, era un perfecto plagiador. Plagiador también en aquello que nos contó y demostró un día: como los grandes, Rulán al ir andando tambíen escribía”

Gustavito Cerra. Grabación extraída del proyecto “Las otras historias de Artemio Rulán”

“Oh Artemio! Puedes estar tranquilo Como eres virtual nunca serás incinerado” 

John Hurley

“Todos los veranos llegabas en tu barquito que venía de un territorio impronunciable. Yo llegaba al bar la primera o segunda semana, sabiendo que ibas a estar ahí, con la luz amarilla que se derramaba sobre ti y salpicaba a los espectadores de siempre que, como yo, iban a mirarte hablar de unas aventuras tan inverosímiles como tú mismo, que aparecías sólo cuando había sol y ya no nos escondíamos debajo de dos toneladas de ropas que nos ahogaban luz y oxígeno.
Te sentabas en uno de esos pisos tan incómodos, para ponerte a declamar cosas que todos después comentábamos, que es imposible, que se lo inventa todo, que en realidad vive encerrado en un sótano todo el invierno, inventando estas cosas que después nos cuenta. Pero la verdad es que sí te creíamos, y cuando llegábamos a casa de madrugada nos quedábamos mirando el techo, imaginando esas historias que escuchábamos. Lo creíamos porque nos resultaba imprescindible, porque sentíamos que el reloj a las 7 de la mañana, los papeles, las planillas, el café, el casino, el bus y la tele, se volvían insoportables si no pensábamos en el día en que volverías al bar.
Esto lo sé porque de vez en cuando iba para allá en otra época, llegaba como vagabunda perdida que encuentra una islita conocida para pararse un rato, como si ese lugar fuera una colina desde donde identificar el norte. Siempre me encontraba con alguno de nosotros, que se aferraba a un vaso como a una boya, un lugar precario donde descansar sólo un momento. Nos mirábamos, y aunque no nos supiéramos ni el nombre, nos reconocíamos, tú la última vez estabas sentado a la derecha, y tú parada en segunda fila, y eso lo decíamos con una sonrisa leve y sin ganas. Nos hundíamos en el silencio del bar semi-vacío, no decíamos casi nada, a penas comentábamos una canción, la misma que había sonado toda la vida por esos parlantes chicharrientos, qué buen tema, decíamos, o ni siquiera eso, sólo un ruidito, una onomatopeya como uh, o mh, que significaba esta es la canción de siempre, y eso estaba mucho más allá de si nos gustaba o no.
A veces traicionábamos ese lugar, nos íbamos, jurábamos que no íbamos a volver nunca, nos asegurábamos que el tiempo de andar perdidos ya había pasado, que era hora de los comienzos. Sin embargo los comienzos siempre se acababan y ahí llegábamos los descomenzados, los recomenzados y los no comenzados, a esperar algo, que podría haber sido cualquier cosa, pero adoptaba la forma de un hombre cruzando el umbral la primera semana de verano.”

Paulina Contreras

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